(De nuestro corresponsal en Londres, Igor Arriandiaga)

Uno de los beneficios que este “renacido” nuevo ciclismo británico ha traído consigo es lugares como Velolife.

Aquí, en el extrarradio de Bilbao, en plena campiña inglesa, aunque también en las colinas de Yorkshire y por todo condado ciclista, se levantan multitud de sitios parecidos. El auge del ciclismo gracias a las victorias en pista y en la carretera de la última década, sobre todo, ha extendido la figura del cicloturista. Y es que esta no existía verdaderamente hasta entonces. Había locos que se aventuraban a salir, como quien suscribe, y algunos que lo hacían con alforjas; a trabajar o de tour. Había de todo. Pero poco. Muy poco. Salir a la carretera era exponerse a insultos y sustos varios. Sir Chris, Sir David y Sir Bradley abrieron al público en general lo que ya habían visto generaciones anteriores en Gales, Escocia o el norte de Inglaterra pocos años antes con ciclistas de la talla de Robert Millar (a este lo conocen más por los ecos de sociedad que por sus logros) y Nicky Cooke. Más atrás, ya ni miraban. Si preguntas aquí quién era Tommy Simpson, te contestan que un futbolista o el carnicero de su pueblo.

Hoy en día vemos por las carreteras cada fin de semana todo tipo de personas a lomos de una bici. Desde los ricos sureños con medidores de fuerza para sus barrigas XXL, hasta súperciclistas (de verdad) que te pasan volando pero no te saludan para no rebajar su media (debe ser que quieren participar en las olimpiadas a los 45…). Y luego está una mayoría, de todas las edades. Desde los mayores de 60 con sus bicis “heroicas” que se quedan un rato a hablar contigo antes de dejarte fulminado con dos bolsas de la compra a cuestas, hasta los que hacen un gesto de saludo con la cabeza al pasar, sea cual sea su velocidad.

Todos los nombrados arriba encuentran hoy refugio, sándwich tostado tarta y café en cafés como Velolife. A las fotos me remito.

PD: hoy me ha tocado esperar en la cola de pedir unos 10min!